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Atado y bien atado

| martes, 20 de marzo de 2012 | 9:23

Célebre es la frase que Francisco Franco, Caudillo de España y de la Cruzada, Generalísimo de los Ejércitos, como complació en autodenominarse en la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado del 47, pronunció al llevar a efecto esa misma norma en 1969, nombrando como heredero para cuando a Juan Carlos de Borbón: "Para, cuando por ley natural, mi Capitanía llegue a faltaros, lo que inexorablemente tiene que llegar algún día, es aconsejable la decisión que hoy vamos a tomar, que contribuirá en gran manera a que todo quede atado y bien atado para el futuro".

Ese "atado y bien atado" se hizo expresión célebre y quedó en la memoria de los pueblos de España, siendo en muchísimas ocasiones utilizado como ejemplo de las expectativas que el dictador tenía puestas en el Borbón y que, según se nos cuenta, nunca llegaron a cumplirse, gracias al papel, sobre todo, de nuestro rey, que traicionó los Principios del Movimiento que tantas veces jurara mientras afirmaba recibir, en palabras del propio Juan Carlos, "la legitimidad política surgida el 18 de julio de 1936". A continuación desarrollaremos, brevemente, aunque el tema da para escribir varios libros por manos más expertas e ilustradas en la materia que la mía, una revisión crítica de la Transición y de nuestra "Democracia" actual, viendo si efectivamente todo quedó "atado y bien atado" y si fueron las manos del Caudillo u otras las que se encargaron de apretar esos nudos.

Empezaremos rechazando la historiografía convencional señalando que la Transición no comenzó en 1975, sino unos años antes, en 1971 y 1972, cuando, en sendos congresos de la UGT y el PSOE se inició el camino hacia la "descafeinización" de ambos, liderada, ya saben, por un entonces joven Felipe González.

Lo que ocurrió en el XXV Congreso del PSOE y XII en el exilio, celebrado en agosto del 72 en Toulousse, fue, sin paliativos, una traición en toda regla. Supuso que unos jóvenes, los de aquel "grupo de los sevillanos", criados sin más problemas que alguna que otra detención puntual en manifestaciones, tiraran abajo todo el socialismo que venía desde los tiempos de la República y que tuvo que exiliarse en la Guerra Civil, iniciando así un proceso que desembocaría inevitablemente, en el borrado del marxismo como ideología del PSOE en 1979 y la aceptación de la economía de mercado, tras la rabieta de González (borrado en oposición a las bases que, por cierto, recuerda mucho a la "guarrada" que el PSOE hiciera casi 60 años antes cuando la ejecutiva del partido se las vio y se las deseó para no ingresar en la Komintern contradiciendo a lo que repetidamente votaban sus militantes), pasando por la verdadera cimentación del cambio de la ideología, al menos en el terreno de las ejecutivas, que no de la militancia, del PSOE como la de un partido filoburgués, esto es, socialdemócrata, la del Congreso de Suresnes del 74.

Junto con la retirada del socialismo de las políticas de la cúpula socialista hay otro proceso fundamental de debilitamiento de la izquierda, el que tiene lugar en el partido surgido de aquella traición del PSOE a sus bases a cuenta de la Komintern a la que antes nos referimos, y que no es otro que el Partido Comunista.

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