Continuará...
| martes, 7 de febrero de 2012 | 14:10
El arrugado rostro de Rubalcaba no engaña: los 61 años que lleva a las espaldas no sólo le dotan de la experiencia que tanto pregona, también le dan una caducidad pronta.
Carme Chacón afirmó en su discurso ante el Plenario del cónclave socialista que no quería que éste fuera un “congreso de transición”. La elección de Rubalcaba, sin embargo, parece que va en la línea contraria, por la simple pero al mismo tiempo inexorable causa de la edad del que ya es Secretario General del PSOE.
Y no se trata de que no haya o haya habido políticos con más años a cuestas que Rubalcaba, sin irse más lejos, ahí está Griñán, cuyo nombramiento como Presidente del PSOE, por cierto, ha podido ser el primer gran error del nuevo número uno de Ferraz, ya que, de perder en las elecciones andaluzas del 25 de marzo, el Partido podría quedarse con un cadáver político y un enorme lastre del tamaño de un cachalote en la cima de su organigrama, por más que se trate de un cargo simbólico (acaso eso sea lo peor del asunto para la ejecutiva federal de Rubalcaba si, como todo parece indicar, Andalucía no continúa con un gobierno del PSOE al frente de la Junta).
Como decíamos, los 61 años de Alfredo Pérez no constituyen el único factor que juega en contra de su permanencia en la primera línea a medio y largo plazo. El otro, que se antoja determinante, es el desgaste, tanto interior como de cara a la galería, de alguien que viene estando en los titulares desde hace tantísimos años.
Quizá el PSOE necesite del respeto que tiene Rubalcaba en su seno y de su capacidad para imponerse con un discurso unitario, de la cual ya está haciendo gala, para reconducir al Partido hacia las siguientes elecciones en 2015, pero, en ese caso, la única esperanza del PSOE de obtener, al menos, una mayoría simple que le permitiese gobernar en coalición con partidos de izquierda (pues una hipoteca frente a los nacionalismos de derechas supondría la ruptura definitiva de la ejecutiva con las bases) es que, según se ha venido diciendo, el Partido goce de unas primarias que se abrieran, no tanto hacia la posibilidad de votar para los no militantes, que también, sino a la de presentarse para ser elegido candidato a la Presidencia del Gobierno, en las que difícilmente Rubalcaba ganaría o, tal vez, ni siquiera se presentaría.
Sin embargo, en caso de que el Secretario General fuera por segunda vez consecutiva el candidato a la presidencia del gobierno, la previsible debacle del PSOE precipitaría los acontecimientos y Rubalcaba se vería obligado a salir por la puerta de atrás.
Por todo ello, la elección al frente del Partido de RbCb, como firma en Twitter, no parece que vaya a significar que siga siendo él la cabeza visible del PSOE de aquí a cuatro años cuando, por cierto, debería cumplir la edad de jubilación, de no haber sido por el incremento de dos años que propuso su Gobierno. Por eso, la decisión de los delegados en el cónclave socialista parece suponer más un “Continuará” (en el 39 Congreso) que un “Fin” en el periodo de interinidad que ha atravesado, atraviesa y atravesará la cúpula de Ferraz.
La única esperanza de Rubalcaba, tal vez, sea que, como ya han pronosticado algunos, Rajoy aguante al frente de la Moncloa poco más de lo que lo ha hecho Álvarez Cascos en el Gobierno de Asturias, lo cual parece poco probable si, aferrado a su mayoría absoluta, muestra la misma inquietud (esto es, ninguna) ante la protestas sociales de la que hizo gala cuando tranquilamente confesó que su Reforma Laboral que, dicho sea de paso, conoceremos en breve, le costaría una huelga general.
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