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Carme, una oportunidad perdida

| sábado, 4 de febrero de 2012 | 12:00

En mi modesta opinión, el Partido Socialista ha perdido una oportunidad irrepetible para renovar su dañada imagen al dejar de lado a Chacón.


Los delegados acuden a votar - © F. Paredes / LA ÉGIDA
De entre los dos extensos discursos a los que ayer tanto periodistas como militantes pudimos asistir, aunque fuera a través de una pantalla, el de Carme Chacón fue, sin dudas, el más atrevido y sus formas las más frescas.

La imagen de la catalana fue (y viene siendo) la de una mujer fuerte, pero no una dama de hierro, sino un ser humano valiente y, al mismo tiempo emotivo. Su en ocasiones alterada voz da buena cuenta de ello, y pudimos constatar que no se trata de una farsa cuando, tras la victoria de Rubalcaba, su rostro no podía esconder las emociones que albergaba en su interior.

Por otra parte, la de Alfredo Pérez Rubalcaba fue la imagen de Alfredo Pérez Rubalcaba, como, por otra parte no podía ser de una manera. La de un hombre serio y trabajador, qué duda cabe, pero la misma que viene arrastrando desde el felipismo, sólo que el paso de los años ha dejado su huella en la expresión de un político, eso sí, que parece incansable, incluso tras jornadas tan agotadoras como la de su elección para la Secretaría General.

Partiendo de este somero análisis, en mi opinión, la imagen que el PSOE necesitaba era la del discurso (y también la figura, por qué no decirlo) de Carme Chacón: una mujer que ayer hizo gala de ese discurso que la gente, o al menos esos 4 millones de personas que dejaron de votar al PSOE en las últimas elecciones, está esperando, en el que el partido se ponga a pie de calle y oriente su discurso hacia aquellos a quienes pretende representar: la clase trabajadora.

Es cierto que Rubalcaba puede ser el más indicado para conducir la nada gloriosa tarea de ejercer la oposición en esta legislatura, pero eso sólo se notará en clave parlamentaria, mientras que, en la calle, Rubalcaba no parece saber simbolizar un cambio en el PSOE que lo distinga del PP, acaso porque no esté capacitado para hacerlo. Quizá, los delegados han pensado más en la buena marcha y gestión del partido que en lo que la gente, que al final será quien apruebe o no la propuesta del PSOE, pueda pensar.

Parece, pues, que el férreo control que impedía a nadie ajeno al proceso de elección entrar al Salón Plenario aisló a los delegados, que terminaron por contaminarse del ambiente endogámico de la tradición sucesoria en los órganos federales del partido.

Espero, por el bien del PSOE y de este país, que necesita una oposición que haga frente a los recortes en derechos sociales desde las convicciones de la izquierda y no por mera aspiración al poder, que me equivoque.

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